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Vacaciones en Fuerteventura

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Cuando los conquistadores llegaron a Fuerteventura por primera vez, quedaron admirados por la belleza de esa isla desértica y por la forma de vida tan primitiva de sus habitantes. Los guanches se dedicaban al pastoreo y la isla estaba literalmente repleta de cabras. Hoy en día todavía hay quien afirma que en la isla hay mas cabezas de ganado caprino que de personas, pero sólo en el último año más de un millón y medio de turistas la han visitado – y uno de ellos fui yo.

La isla de Fuerteventura, por tamaño, es la segunda del Archipiélago Canario; y por distancia a las costas africanas, la mas cercana. A mi parecer, es la más espectacular de las Islas Canarias: sus playas son de las mejores del mundo y las más bonitas para practicar surf.

Durante una semana estuve de vacaciones en Fuerteventura disfrutando en familia, para recordar qué es sentir calor y ponerme moreno.

Increíble es perderte entre las dunas de Jandía y caminar durante horas la playa de Cofete, al sur; y deleitarse de la tranquilidad y hospitalidad de sus pueblos: Pájara, Betancuria, Gran Tarajal…

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Fin del voluntariado

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Y aunque parezca mentira, el día de despedidas y abrazos llegó, y mi voluntariado se acabó. Nueve meses en Lituania, en el Jardín Botánico de Kaunas, que se pasaron volando y me aportaron muchas experiencias y viajes que ayudaron a re-descubrir lo que me rodea. Dicen que nueve meses en el extranjero “no es mucho tiempo”, que “las cosas no cambian tan rápidamente”, que “todo está igual”, pero yo no lo veo así.

Me gustó el Jardín Botánico y me encantó colaborar con ese proyecto educativo en el que niños y niñas de diferentes escuelas de Lituania vienen al Botánico para aprender ciencia, de una manera entretenida y divertida, realizando experimentos en el laboratorio. También disfruté enormemente coordinando actividades y campamentos de verano para estudiantes internacionales. Pude llevar a cabo una serie de estrategias para mejorar la experiencia turística del jardín y del invernadero. Ser guía turístico puede llegar a ser muy gratificante.

Lituania es un pequeño país que nadie sabe ubicar en un mapa, pero que guarda muchos lugares hermosos y que tiene un gran porvenir.

Ha sido un placer.

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Vaišnoriškės

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El pueblo de Vaišnoriškės se ubica dentro del Parque nacional de Aukštaitija, bien conocido por sus bosques de pinos -algunos de hasta 200 años de antigüedad, y sus 5 grandes lagos, ideales para practicar piragüismo. En el centro de investigación botánica se hacen campamentos de educación medioambiental para estudiantes, registros climáticos y también estudios de biodiversidad ambiental. Aunque lo más llamativo son sus 8 casas tradicionales, y es que Vaišnoriškės forma un conjunto etnográfico de incalculable valor.

Sólo una pequeña parte de su territorio está restringido y para acceder se necesita autorización. Junto con biólogos y expertos del Jardín Botánico de Kaunas, estoy gozando de un fin de semana fabuloso rodeado de una belleza sorprendente.

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Kulautuva

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Durante cuatro días todos los voluntarios de los diferentes proyectos medioambientales de Lituania hemos convivido juntos en Kulautuva, un pequeño pueblo vacacional a las orillas del río más largo del país, el río Némunas.

Muchos de nosotros celebrábamos ya nuestro primer mes en Lituania, pero algunos recién habían llegado. Estas jornadas no sólo sirven para dar a conocer la cultura del país de acogida o para escuchar consejos; son una excelente oportunidad para socializar con el resto de voluntarios y para disfrutar de las experiencias de los demás, porque lo que a mi me pasa desapercibido a otra persona no.

Fueron cuatro días intensos de charlas, talleres y actividades. Aprendimos algunos bailes y canciones tradicionales, pudimos dar respuesta a muchas preguntas sobre el funcionamiento del Servicio de Voluntariado Europeo una vez en destino, comprendimos diferentes formas de ver la vida en otros países, y también participamos en debates interesantísimos. Pero, quizás, lo más divertido fue cocinar todos juntos una cena típica lituana: entrante de pan frito con ajo, sopa de verduras, plato principal, y tarta de chocolate. El resultado… bueno, algunos platos quedaron sosos y otros demasiado salados.